Sus ojos azules estaban fijos en la batalla mientras su cabello jugueteaba con sus mejillas entre los rasgos de su perfecta piel poniéndome enfermo de envidia.
- ¡Quieto! -gritaban algunos miembros de la guardia desenvainando algunos las espadas mientras que otros optaban por el arma.
- ¿Podría explicarme lo que sucede? -susurró aquella joven y volví mi vista a ella sin poder ahora quitarla ya que sus hermosos ojos contemplaban los míos de una manera tan hipnótica que me hacía desearla aún más.
Apreté mi mandíbula para controlar mis impulsos. No quería que gritase o algo por el estilo con la guarda real tan cerca de nosotros. Sabía que el castigo por tocar a un sirviente de palacio sería mínimo una tortura.
- Se están peleando por una cualquiera -resoplé y me apoyé en la verja-. Esa es una simple ramera que tan solo se mete en la cama de aquel que la paga lo suficiente. Se mueve por dinero, nada más. El tipo de la pistola es un viudo reciente que olvidó sus penas entre las piernas de la mujer y el abrazo de las botellas de licor. El otro simplemente quiere llevársela a la cama por un módico precio mientras que la golfa le habrá dicho miles de veces al armado que lo ama y al mejor vestido mientras fantasea con su verdadero amor -dije como escupiendo la última idea del asco que me daba.
- Así que la joven.. -susurró escondiéndose poco a poco detrás de mí- está enamorada de otro pero duerme en brazos de otros hombres. ¿Pagan porque una mujer se duerma a su lado? Eso es muy raro. Mis padres duermen separados. ¿Por qué alguien desearía dormir con una persona que no sea su hermana?
La miré completamente perplejo. ¿De verdad estaba preguntando eso? Entrecerré mis ojos mirándola espectante pensando que si la concedía unos instantes ella entendería eso lo que quería decir acostarse con una mujer, pero parecía que no. ¿Realmente esa mujer era tan inmaculada como parecía?
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