Miré durante un largo tiempo aquel palacio. La envidia me corroía. Lo quería para mí, ansiaba cada uno de esos súbditos. Lo que haría en aquel lugar rodeado de jóvenes hermosas para satisfacer todos y cada uno de mis caprichos. Sería el hombre más envidiado del mundo.
Sonreí ante la idea de arrancarle el pescuezo al rey hasta que escuché un ruido. Pensé que era un guardia de palacio y ya había tenido muchos problemas con la autoridad como para permitirme alguno más. Me agaché lo mejor que puede pero la curiosidad me pudo por lo que mis ojos permanecieron sobre el petril para que así pudiese observar quién era el causante de semejante susto.
Vi a lo lejos una pequeña lucecita que salí de una puerta demasiado alejada de la principal como para tratarse de alguien importante el que hubiese decidido visitar el jardín a aquellas horas.
En el instante que desviaba mi mirada de la sombra un rayo de la luna me permitió contemplar los cabellos dorados de la mujer más hermosa que hubiese contemplado jamás. ¿Quién era ella y porqué razón no la había visto antes?
Su hermoso pelo descendía por su espalda cual cascada. Toda la envidia que el castillo me había hecho florecer se disipó para posarse en ese sedoso cabello que tenía la suerte de rozar aquella piel blanca como la nieve. Parecía porcelana en la lejanía. ¡Oh, dios jamás había visto semejante mujer que me hiciese perder la compostura de una manera como aquella! Mis manos se apretaron contra la verja intentando arrancar el metal con mis dedos para así poder correr a tomarla entre mis manos ya que mi erección dolía entre mis piernas y eso que ni tan siquiera había visto su figura.
Esa mujer tenía un don extraño en mí pero no quería dejar de sentirlo, deseaba poder arrancar aquellas ropas y tomarla allí mismo como un animal. Nada ni nadie me lo impedirían excepto esa odiosa verja que no me daba tampoco ningún regalo sino distancia entre su cuerpo inmaculado y el mío.
Comenzó a caminar y sin pensarlo dos veces la seguí. Quizá si tenía suerte se acercaría un poco a mí y podría contemplar de cerca esa hermosura tan extraordinaria.
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