La miré observando su rostro mientras ella seguía pendiente de la situación que estaba sucediendo.
- ¡Aléjate de ella! -gritó de nuevo el hombre armado.
- Tranquilo.. -susurró el otro hombre al que estaba apuntando con el arma.
- Vámonos, a... -entonces los ojos de la cortesana se posaron en mí.
Contemplé como enrojeció como era su costumbre y rodé los ojos para volver mi mirada al inmaculado rostro de la mujer que estaba a mi lado. Ella sí que era digna de aquella batalla, tan hermosa, tan excitante y a la vez tan seductoramente ignorante.
Volví a sentir como mi entrepierna se encendía cuando noté como sus pechos se asomaban ligeramente por la inclinación que tenía a través de su escote. ¡Oh, Dios mío! Aquella mujer era la tentación hecha mujer.
- ¡O suelta el arma ya o nos veremos obligados a intervenir! -gritó uno de los guardas.
La cortesana hizo ademán de acercarse a mí pero entonces me giré y miré fijamente a la joven que estaba aún pendiente de la situación.
- Señorita, corra -susurré-. Esta situación no tiene buena pinta. Vuelva al palacio.
- ¿Por qué? -susurró con aquella voz angelical mientras sus labios carnosos estaban demasiado cerca de los míos como para su seguridad.
- Porque va a intervenir la guardia -respondí mirándola.
Ella sin comprender abrió la puertecilla que nos separaba y al escuchar un nuevo disparo agarró mi brazo y emitiendo un ligero grito de espanto ambos caímos en el césped del jardín.
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